En Valledupar, Gustavo Petro puso en marcha el plan piloto de la estrategia ‘Tejido de Paz’

2:40 p. m. El sol resplandece con breves pausas sobre el Centro Comunitario del Pueblo Talanquera Jimaín, a unos 35 minutos por tierra desde Valledupar (Cesar) por la vía que conduce al municipio de Pueblo Bello.

Habitualmente, lejos del ruido de los vehículos y la ciudad, los integrantes de esa comunidad indígena, que viven de la ‘Madre tierra’ en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, se reúnen allí para tomar decisiones que marcan el rumbo de su cotidianidad, apegada a las costumbres ancestrales.

Una de esas determinaciones comenzó a materializarse. Con el permiso de los guías espirituales, conocidos como mamos, se empezó a escribir una nueva historia en este lugar rodeado de niños, mujeres y hombres de distintos asentamientos.

Ellas, a la sombra de los árboles de mango, entre cedros, totumos y muchos otros de plátano, yuca y algodón, tejen con sus manos y extrema habilidad -casi sin ver- mochilas arhuacas de distintos colores y texturas dependiendo del material: lana de oveja, alpaca o fique. Basta permanecer solo unos minutos para sentir la perfecta armonía entre la naturaleza y la comunidad indígena de la región.

Tejiendo la vida

Así como las mujeres jimaín tejen las mochilas, se teje la vida misma. En este mismo lugar, luego de un trabajo de transferencia de conocimiento encabezado por el SENA y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se presentó la estrategia ‘Tejido de Paz’ y fue el propio presidente de la República, Gustavo Petro, el encargado de anunciar al país la puesta en marcha del plan piloto. Lo hizo dentro de una cancuruba, una suerte de maloca encerrada por cuatro paredes.

Se trata de una iniciativa para la construcción de la paz, a través de la formación complementaria con pueblos indígenas y comunidades campesinas, a partir de sus usos ancestrales y culturales de la hoja de coca o ‘Ayu’, como ellos la denominan.

El evento comenzó con la interpretación en lengua IKU del himno nacional de Colombia, a cargo de tres mujeres de la comunidad. Al Presidente lo acompañaron mamos, la viceministra de las TIC y el director general del SENA, Jorge Eduardo Londoño Ulloa, entre otros invitados, y por supuesto, los protagonistas de ‘Tejido de Paz’: indígenas y algunos campesinos.

El mamo Gregorio Hernández tomó la palabra y le dio la bienvenida al jefe de Estado. Destacó la importancia de la visita e insistió en la importancia que el ‘Ayu’ tiene para las comunidades indígenas y ancestrales. “Siempre hemos deseado que se le dé el uso adecuado. El ‘Ayu’ también es nuestro gobierno”, expresó en su lengua antes de la interpretación al español por parte de una mujer jimaín.

A su turno, el cabildo Crispín Pérez, una de las autoridades de la comunidad, dijo que el proyecto es un diálogo, un intercambio de saberes sobre el ‘Ayu’. “Hay unos usos marcados del ‘Ayu’ en nuestra ley de origen y vamos a cambiar la forma en la que los demás conciben nuestra planta sagrada y la forma de convivir con ella”, afirmó.

Luego, Londoño Ulloa resaltó las bondades del proyecto SENA-OIT que ha tomado la experiencia de Lerma (Cauca) y que tiene el objetivo de “legitimar” el uso de la hoja de coca “desde lo ancestral” y “para producir abonos y alimentos”. “Que las semillas den frutos sanos para la paz”, enfatizó.

La experiencia en Cauca fue retratada por un José Erney Ruiz, líder campesino. “Hemos utilizado el ‘Ayu’ de generación en generación. Desde 2016 lo usamos como abono sólido para las plantas (…) Colombia necesita un alimento para la vida y este proyecto es un legado que se quiere construir desde lo ancestral, lo académico y lo técnico”, sostuvo.

El presidente Gustavo Petro cerró las intervenciones. “El SENA tiene la responsabilidad de ayudar a fortalecer la cultura y está jugando ese papel, ese camino (…) La paz consiste en cómo una economía de uso ilícito puede convertirse en una economía de uso lícito”, manifestó.

En referencia a ‘Tejido de Paz’, el mandatario hizo énfasis en la necesidad de tomar la hoja de coca desde su verdadero significado, que es opuesto a la muerte. Es decir, desde la “comunidad, el diálogo, la cultura y la comunicación espiritual”. Y, por ello, insistió en la necesidad de utilizarlo como abono o fertilizante para la vida.

“Le propongo al SENA ver si con el Gobierno podemos poner estos complejos industriales de cooperativas indígenas y campesinas, en función de usar la hoja de coca de manera diferente, que es producir abono para la alimentación en Colombia, cero carbono”, anotó el presidente Petro.

En el acto final del evento, la comitiva se trasladó a pie desde la cancuruba hasta la primera huerta comunitaria experimental de Colombia, de 50 previstas en la Sierra Nevada de Santa Marta y Cauca, y que simboliza oficialmente el tejido inicial de la paz. Es un cuarto de hectárea construido en tiempo récord -solo 15 días- por muralleros de la misma comunidad jimaín, quienes apilaron piedra por piedra para cerrarlo.

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