Elberto ‘El Debe’ López llevó dos grandes recados que se volvieron canciones

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Muy bien lo dijo Pablo López. “Mi hermano era un alma de Dios”, y remató Miguel López. “El Debe era servicial y nunca le hizo mal a nadie”. Estas frases expresadas por dos hermanos encierran la personalidad del hombre bonachón y amiguero como era Elberto de Jesús López Gutiérrez, quien  siempre estuvo dispuesto a servir a los demás. De lo anterior dentro del folclor vallenato quedaron como testimonio dos canciones que lo pintan de cuerpo entero.

En esas obras musicales tituladas ‘Tres canciones’ de Diomedes Díaz y ‘El regaño’ de Héctor Zuleta, es el protagonista principal. Desempeñó el papel de mensajero y por la confianza que le tenían los compositores cumplió a cabalidad su misión. Tocó las canciones pedidas en la ventana marroncita y llevó una carta con orden de urgencia.

Hágame el favor compadre ‘Debe’ llegue a esa ventana marroncita, toque tres canciones bien bonitas, que a mí no me importa si se ofenden.

Diomedes Díaz ante el toque del acordeón de ‘El Debe’ no solamente se inspiró, sino que prometió cantarlas con el alma a esa linda morenita que dormía al lado de la famosa ventana. Después de pedirle el favor al acordeonero hace una exposición en un verso genial que denota su sentimiento.

Elberto de Jesús López Gutiérrez.

Dicen que el amor cuando es sincero es como una nube en primavera, que devuelve a bueno un aguacero, agua para sustentar la tierra.

El Diomedes que adorna sus canciones con frases contundentes estaba enamorado y tuvo la musa precisa para cronicar en versos  ese amor que sentía en tierras guajiras, contando con el acordeonero que le hizo el dos para completar su episodio amoroso. En su momento expresó, “Ese era ‘El Debe’, que todos conocimos”.

El favor a Héctor Zuleta

No contento con el primer favor a Diomedes, llegó Héctor Zuleta y le pidió que le llevara un recado a un amor que tenía varios días de no verla. ‘El Debe’ no tuvo otra alternativa que cumplir con la misión porque un hombre enamorado es capaz de sacar un puñado de azúcar del fondo del mar o permitir que el día se prolongue hasta que el cariño se desborde como río crecido.

Compadre ‘Debe’ mucho gusto en verlo, seguro estaba de que usted venía, deme razón de la morena mía que usted si sabe de su paradero. Como yo sé que usted es un hombre bueno, voy a pedirle que me haga un servicio, vaya a llevármele este papelito para saber cuándo podemos vernos.

En la primera parte de la canción está explicita la connotación de hombre bueno que tenía ‘El Debe’, pero además servicial. Llevó el papelito porque el asunto no estaba nada bien y Héctor requería que el amor volviera a resplandecer como al comienzo. En su angustia le pidió que no le fallara porque corría el riesgo de morir.

Compadre ‘Debe’ si la ve le dice, que se conduela de las penas mías, que Héctor Zuleta se la pasa triste, por el regaño que le dio ese día.

Como coincidencia en las dos canciones se trata de dos morenitas que pusieron a temblar los corazones de Diomedes y Héctor, quienes se desahogaron cantando y tuvieron a su lado a un amigo fiel que se condolió de sus penas. Estos testimonios son una faceta importante de la vida del Rey Vallenato que supo ganarse el cariño de todos. Además se recuerda por su nobleza y sus salidas con una ingenuidad que traspasó fronteras, como la vez que llevó una serenata a la casa que no era.

Nunca quiso morirse

‘El Debe’, a quien su papá Pablo Rafael López Gutiérrez, le puso ese sobrenombre porque frecuentemente lo invitaba a rascarle la espalda, y al no acudir le señalaba que se la debía. Entonces manifestaba. ”Debe, Debe”, contó su hermano Miguel López.

Precisamente ‘El Debe’ López, quien se coronó como Rey Vallenato en el año 1980 estando acompañado en la caja por Omer ‘El manón’ Castilla, y en la guacharaca por Alberto ‘Beto’ Martínez, presentando las siguientes canciones: Paseo, ‘Mi pueblo’ (Leandro Díaz), Merengue, ‘La pule’ (Emiliano Zuleta Baquero), Son, ‘Altos del Rosario’ (Alejandro Durán) y la Puya, ‘Déjala vení’ (Náfer Durán), nunca quiso morirse, pero le llegó la hora el jueves 21 de junio de 2007, estando en Sincelejo, Sucre.

Ante esta circunstancia su hermano Pablo López comentó. “Él le tenía miedo a la muerte, poco hablaba de eso. Una vez se atrevió y me dijo que si antes que lo viniera a buscar la muerte, ojalá se tuviera la fórmula para ser eterno. ¿Para qué quieres vivir tanto?, fue mi pregunta”. Sin pensarlo mucho me contestó.  “Pablo, sabes lo que sería vivir más años que Matusalén”…

Así era. Una persona sencilla, sana, desprevenida que comenzó tocando la caja y llenó los requisitos para ser un distinguido miembro de esta dinastía que desde La Paz, Cesar, lleva el vallenato tradicional en sus venas.

En la discografía musical vallenata quedó el registro de su acordeón en las exitosas canciones en la voz de Diomedes Díaz: ‘Frente a mí’, ‘Cristina Isabel’, ‘Me deja el avión’, ‘La montañita’ y naturalmente ‘Tres canciones’, donde es protagonista de aquel hecho de llevar un mensaje musical a la joven Patricia Isabel Acosta Solano, quien tiempo después lleno el corazón de aquel compositor que se la ganó con su inspiración hasta decirle. “Oye bonita cuando me estas mirando, yo siento que mi vida cubre todo tu cuerpo”

Los recuerdos de este acordeonero siguen flotando en el ambiente vallenato y más sus palabras cuando alcanzó el honor de coronarse como Rey Vallenato. “Andaba con Diomedes Díaz y estábamos en el apogeo de ‘Tres canciones’. En eso llegó el Festival Vallenato donde me inscribí y pude ganar. Al bajarme de la tarima ese gentío me estaba ahorcando. Casi me asfixia porque se me guindó todo ese público”: Ese era ‘El Debe’…

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